Hélice 7

Portada de la revistaCon este séptimo número, recién salido de las prensas virtuales en que se ha imprimido (pues, como saben los aficionados, se distribuye en formato exclusivamente digital, en PDF), la revista Hélice cumple algo más de un año en la Red. Hélice ha sido fiel a su compromiso inicial de periodicidad -un número cada dos meses- y su trayectoria, cada vez más firme, se ve reconocida en la excelente acogida que cada nueva entrega merece entre los aficionados a la literatura fantástica y la ciencia ficción. En lo que a mí concierne, he de confesar que esperaba este número con ilusión muy especial, porque en él aparece una larga reseña de una de las novelas que más me han gustado en los últimos años: La carretera, de Cormac McCarthy, de la que ya traté brevemente en este blog, el pasado 15 de enero.

La sección de “Reflexión” de la revista comienza con un interesantísimo artículo de Juan Manuel Santiago sobre Alfred Bester, uno de los autores clásicos de la ciencia ficción de todos los tiempos. En realidad, el ensayo constituye una actualización o reedición revisada del texto que el propio Santiago publicó en la revista Gigamesh, con el título de “¡Bester, Bester!”, y que mereció el Premio Ignotus 2001 al mejor artículo de aquel año. No hay duda de que la calidad y rigor del estudio (uno de los mejores que hasta la fecha ha publicado Hélice), merece su reedición y la presencia destacada en esta séptima entrega de la revista.

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Dos películas, dos libros, dos adaptaciones

Cartel de la pelculaEn las últimas semanas he visto dos películas basadas en novelas que me gustaron mucho cuando las leí: Soy leyenda, de Francis Lawrence, nueva versión de la novela homónima del autor norteamericano Richard Matheson, y Expiación: más allá de la pasión, de Joe Wright, adaptación de la obra del novelista inglés Ian McEwan. El hecho de que ambas adaptaciones mantengan el título original de las novelas es una de las pocas cosas que los dos films tienen en común, pues los presupuestos de los que han partido sus respectivos guionistas no pueden ser más distintos. Por cierto, me gustaría utilizar esta tribuna para protestar por el postizo cursi y ridículo que la distribuidora española ha añadido al hermosísimo título de las obras de McEwan y Wright, y que sólo puede explicarse como una muestra de desconfianza en la capacidad del público hispanohablante para entender el sentido del término. Que la industria cinematográfica española nos trate como idiotas es ofensivo (en el ámbito anglosajón no se ha hecho lo mismo, como puede verse en el cartel original, a pesar de que el sustantivo inglés “atonement” es tanto o más desacostumbrado que “expiación”), por mucho que un servidor, a la luz de su experiencia como docente, esté tentado de considerar que la mencionada suposición tiene bastante de verosímil.

Otro de los escasísimos elementos comunes a Soy leyenda y Expiación es la fructífera relación de los autores de ambas novelas con el cine. De la pluma de Matheson han salido muchos guiones para películas y series de televisión, pero también varias novelas y relatos que inspiraron títulos muy famosos: además de la citada Soy leyenda, que con la de Lawrence ha conocido tres versiones en la gran pantalla, se pueden citar films como El increíble hombre menguante, El diablo sobre ruedas o En algún lugar del tiempo; los aficionados harán bien en consultar a este respecto la página que dedica la IMDB a la actividad cinematográfica del escritor. Tampoco Ian McEwan es un recién llegado al séptimo arte, pues al menos cuatro de sus novelas se han llevado al cine (El placer del viajero, Amor perdurable, El jardín de cemento y El inocente), amén de varios relatos breves; por supuesto, la IMDB también dedica su correspondiente página a los avatares fílmicos de las obras del novelista inglés. Aunque las películas basadas en los textos de McEwan hayan tenido hasta la fecha una recepción más bien minoritaria, parece que con Atonement-Expiación se ha roto la tendencia, pues la cinta de Joe Wright ha tenido una acogida entusiasta (y a McEwan no la falló el olfato en este caso, pues ha participado en el rodaje del film en calidad de productor ejecutivo).

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La carretera, de Cormac McCarthy

Portada del libroAyer terminé una larga crítica de La carretera, la novela de Cormac McCarthy ganadora de la última edición del Premio Pulitzer para obras de ficción. Si todo va bien, mi trabajo se publicará en el próximo número de la revista Hélice, en la que colaboro con cierta regularidad y cuyos cinco primeros números (la aparición del sexto coincidió con alguna otra ocupación y no me dio tiempo a completar la correspondiente reseña), he comentado en este blog.

Como la crítica ya está comprometida, no sería correcto avanzar desde aquí su contenido. Sin embargo, quiero aprovechar la oportunidad para hacer una recomendación entusiasta a los habituales de La Bitácora del Tigre, sobre todo si son profesores, y todavía con más razón si son profesores de Lengua y Literatura: que lean La carretera, dos veces si es preciso (es un libro de poco más de doscientas páginas, de lectura fácil, aunque en ciertos momentos tan áspera y cruda que hay que hacer un alto y tomar aire) porque se trata de una obra literaria impresionante, de una expresividad y riqueza mayúsculas, destinada a convertirse en todo un clásico moderno.

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Con la gente de Xatafi, en los madriles

Estatua de Eloy Gonzalo (El héroe de Cascorro) en el Rastro de MadridHe aprovechado el llamado “puente foral” (unos cuantos días de fiesta, que se apoyan en los hitos del 29 de noviembre, día de San Saturnino, patrono de Pamplona, y 3 de diciembre, festividad de San Francisco Javier, patrono de Navarra) para dejarme caer por Madrid y quitarme el pelo de la dehesa, con las actividades culturales de rigor: la imprescindible visita a la ampliación del Museo del Prado, un poco de teatro, el recorrido habitual por las librerías y las tiendas de discos que Pilar y yo solemos frecuentar cuando nos acercamos a la ciudad del oso y del madroño y, sobre todo, mucho callejeo.

La ampliación del museo me pareció muy lograda y la exposición sobre El Siglo XIX en el Prado fascinante. Me emocionó muchísimo encontrarme ante los lienzos de pintores como Madrazo, Casado del Alisal, Pradilla, Gisbert, Moreno Carbonero, Rosales, Fortuny o Sorolla, que tantas veces he visto, a tamaño reducido, en los manuales de Historia de la Literatura Española y de Historia de España. Contemplados al natural, esos enormes cuadros de tema histórico, como Doña Juana la Loca, Rendición de Bailén, Testamento de Isabel la Católica o Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros, tienen una intensidad y una potencia evocadora inesperadas. De hecho, ante la pintura de Antonio Gisbert, sobre la que desciende la luz cenital de la inmensa claraboya diseñada por Rafael Moneo, me quedé sentado largo rato, embobado, con la sensación de estar fuera del tiempo y del espacio.

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¿Es Nicole Kidman una alienígena?

Cartel de la pelculaA tenor de lo que vi el viernes en Invasión, cabe concluir que sí, que es probable que lo sea. La doctora Bennell, la distinguida psiquiatra a la que presta su longilínea percha la actriz australiana, es acosada, asediada, asaltada, golpeada y expuesta a toda clase de violencias y terrores, incluso le vomita encima su marido, en una secuencia que debería pasar a la historia del cine como una metáfora del machismo recalcitrante que se resiste a dejar paso a una “feminista posmoderna”, por utilizar la definición que de sí misma ofrece la protagonista en una secuencia clave del film. Y a pesar de todo, Nicole Kidman no pierde nunca el look impecable, de altísima e inabordable estatua de sal, que la caracteriza en sus últimas películas.

Que conste que yo no tengo nada contra ella, antes al contrario. A mí me gusta mucho, como actriz y como mujer, qué diablos, aunque tengo la impresión de que con el correr de los años se ha ido desnaturalizando, y perdiendo ese punto de turbia y elegante perversidad que la hacía tan atractiva en películas como Calma total, Malicia, Prácticamente magia y, sobre todo, Eyes Wide Shut. Convertida en uno de los últimos exponentes del glamour hollywoodense, cada vez se la ve más pluscuamperfecta, pero también más estirada, más fría. Además, por mucho que se esfuerce, la Kidman resulta rotundamente increíble en papeles de heroína de acción (en Invasión hay una secuencia delirante, cuando la doctora Bennell trata de huir de Baltimore, con el coche prácticamente enterrado por los cuerpos de los no-humanos que quieren hacer que se duerma y despierte convertida en una de ellos), especialmente cuando el guión trata de hacerlos compatibles con las funciones de madre-abnegada-pero-al-mismo-tiempo-profesional-intachable, como pretende la película de Oliver Hirschbiegel.

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Hélice 5

Portada de la revistaDice una máxima taurina, convertida en lugar común, que “no hay quinto malo”. La validez del proverbio la confirma plenamente este quinto número de la revista Hélice, como los anteriores disponible para sus lectores en un cómodo y coqueto PDF de 50 páginas, muy bien maquetado y editado. Cincuenta páginas no es cualquier cosa, y menos para una revista amateur (y conste que utilizo el término en su mejor sentido, el de una obra en la que resultan determinantes la voluntad y el entusiasmo de sus colaboradores). De hecho, el medio centenar de páginas es, en cierta medida, un indicio de una publicación que va ganando enteros y avanza decididamente hacia su madurez.

La sección titulada “Reflexión” incluye un extenso debate entre Fidel Insúa, que ostenta la representación de Hélice, y varios cultivadores del género, críticos y editores. Es, desde mi punto de vista, la pieza más sólida y de mayor mérito de todo el volumen. Bajo el título “Panorámica de la ciencia ficción en el mercado editorial actual”, la conversación comienza con las respuestas de Juan Miguel Aguilera, Santiago L. Moreno, Manuel de los Reyes, Eduardo Vaquerizo y Arturo Villarrubia a las siguientes preguntas: 1, ¿cómo ve el estado de la literatura de ciencia ficción actual?; 2, ¿existe una literatura de ciencia ficción en castellano con señas de identidad propias?; y 3, ¿cómo cree que evolucionará la ciencia ficción actual en el mercado editorial internacional en un futuro?

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Veinticinco años de Blade Runner

Cartel de la pelculaEl 25 de junio se cumplió un cuarto de siglo desde el estreno de Blade Runner, de Ridley Scott, una de las películas de ciencia ficción más importantes de todos los tiempos. Con permiso de Stanley Kubrick, director del film que casi siempre se ha considerado como el título cimero del género, me atrevería a decir que Blade Runner es una película tan influyente como 2001: una odisea del espacio y, si la afirmación no resulta descaradamente herética, una obra que a diferencia de su ilustre predecesora apenas ha acusado el paso del tiempo.

Podría apoyar mi preferencia en una batería de argumentos aparentemente objetivos, pero en última instancia estaría haciendo trampas, pues mi predilección por Blade Runner obedece a motivos de índole biográfica y afectiva, que se entremezclan con razones algo más elaboradas, pero en cualquier caso muy próximas a esa imprecisa categoría analítica que es el gusto personal. No es lugar La Bitácora del Tigre para hablar de los primeros (incluso el bloguero impenitente puede guardar a resguardo algunos rincones de su intimidad); de las segundas, en cambio, trataré a continuación con algún detalle.

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28 semanas después

Cartel de la pelculaAlgo especial tienen las películas de zombis que las convierte en terreno abonado para las interpretaciones más sesudas. Basta con leer por encima cualquiera de los muy variados análisis que se han escrito sobre dos películas recientes y de tanto éxito como 28 días después, de Danny Boyle, y Amanecer de los muertos, de Zack Snyder, para darse cuenta de la potencia imaginativa que se encierra en estas fantasías apocalípticas que sitúan el origen del mal en la propia naturaleza humana y revelan crudamente hasta dónde pueden llegar los seres humanos en su carrera hacia la autodestrucción. Los films de muertos vivientes sacuden nuestra fibra sensible (y no sólo a causa del derroche de hemoglobina y del salvaje atractivo de los mordiscos), y nos obligan a mirar, como diría el coronel Nathan R. Jessep (Jack Nicholson) en Algunos hombres buenos, hacia zonas de nuestro interior de las que “no nos gusta charlar con los amiguetes”.

Dirán los puristas que 28 semanas después no es una película de zombis, y hay que admitir que, en sentido estricto, tienen razón. Los hombres y mujeres afectados por el terrible “virus de la ira” no tienen nada de muertos vivientes; están, por el contrario, espantosamente vivos, y aunque reducidos a una pura animalidad devoradora, sus instintos son, de hecho, más precisos y sutiles que los de los seres humanos normales. Puestos a ser puristas, pues, parece necesario conceder que el espacio cinematográfico de 28 semanas después seguramente se halla más cerca de la ciencia ficción apocalíptica y del gore que de los films clásicos de muertos vivientes, pero su capacidad de sugerir lecturas indirectas no va en modo alguno a la zaga de éstos: alegoría de la incapacidad masculina para mantener la cohesión del núcleo familiar, metáfora de la inutilidad de las soluciones militaristas a los problemas de la inmigración o el terrorismo (algo en lo que coincide con otro espléndido film apocalíptico, Hijos de los hombres, que ya comenté en este blog hace unos meses), fábula sobre la fragilidad de los estados y las organizaciones supranacionales, reflexión acerca de cuál es el mal menor por el que hay que optar cuando la ética de las convicciones y la de la responsabilidad son incompatibles, advertencia sobre los riesgos insidiosos del progreso tecnológico…

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Hélice 4

Portada de la revistaLa revista Hélice, de “Reflexiones críticas sobre ficción especulativa”, continúa su andadura con paso firme y espíritu resuelto. La periodicidad bimensual de la publicación se está cumpliendo a rajatabla (además, sé de buena tinta que hay material más que suficiente para alimentar durante varios números los programas de maquetación y generación de PDFs), tal como demuestra este cuarto número, tan sólido como los anteriores, pero, al menos para quien firma estas líneas, más atractivo que ellos.

Y lo es por razones que, me apresuro a señalar, son estrictamente personales. La primera se concreta en la larga y apasionante conversación que durante catorce páginas mantienen Santiago Eximeno y Javier Esteban Gayo con José María Merino, uno de mis novelistas predilectos y “el mejor escritor español actual de literatura fantástica”, por utilizar el mismo y merecidísimo elogio que le dedica el editorial de este número. El segundo motivo es que la sección de “Críticas enfrentadas”, que siempre cierra Hélice, está dedicada en esta ocasión a Nunca me abandones , del escritor inglés Kazuo Ishiguro, una novela que me gustó mucho y sobre la que en su día escribí un extenso comentario en Lengua en Secundaria.

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Lecturas juveniles fantásticas y de ciencia ficción

José María González-Serna publicó ayer una interesantísima entrada, con el título El canon de la literatura juvenil, en el que, a partir de la glosa de una conferencia y un libro de Vicenç Pagès Jordà (sobre el autor y la obra, véanse los enlaces que José María proporciona en su artículo), propone su propio y motivado canon de lecturas para jóvenes.

Como hace tiempo que yo tenía en mente este asunto, me he decidido a ponerlo por escrito, aunque con ciertas particularidades, que paso a detallar. La primera es que la mía no es una selección convencional, pues todos sus títulos (cuarenta, no he sido capaz de conformarme con menos) tienen una clara orientación genérica, en torno a la literatura fantástica y de ciencia ficción. Así me evito repetirme con respecto a los cánones de Jordà y González-Serna, y además rindo homenaje a unos géneros sobre los que en alguna ocasión anterior ya he ejercido de antologista. La segunda es que, a diferencia de la de Pagès Jordà , mi selección no evita los autores contemporáneos ni los de lengua española, pues, sobre todo en la literatura hispanoamericana, hay un riquísimo venero de escritores fantásticos que tienen indudable interés.

Portadas de las ediciones inglesas de 1984 y Un mundo feliz

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