De aquí a la gloria

Las siempre graciosas travesuras que el espíritu inquieto, cachondo y lleno de ingenio de José María González-Serna (por algo es sevillano el hombre) perpetra en su blog casi siempre me provocan en el mejor sentido de la palabra. La última es muy reciente, apenas de ayer mismo: el descubrimiento, a modo de divertimento dominical, de Magmypic, un servicio que convierte las fotos personales en portada de revistas de alto copete: National Geographic, Time, Cosmopolitan, Vogue, Maxim, Fortune y otras por el estilo.

En cuanto he leído la entrada de José María, me he puesto a la tarea de inmortalizar mi retrato en el papel couché. La verdad es que he pasado un rato divertidísimo, seleccionando fotos y tratando de conseguir algún contraste irónico o humorístico entre los textos de las revistas que se utilizan como plantillas y las imágenes. Después de un rato de jugar con las fotos (hay que procurar que haya espacio por encima del pelo, para evitar que las manchetas de las publicaciones tapen la cara), me he dado cuenta de que hoy es 31 de diciembre, noche de fiesta, de verbena, de disfraces y de soltarse el pelo. Qué mejor forma de celebrarla en el blog que con esta colección de fotos trucadas; con ellas La Bitácora del Tigre desea a todos sus lectores un muy feliz Año Nuevo 2008.

Portada de TimePortada de National GeographicPortada de Rolling StonePortada de MaximPortada de GQPortada de Fortune

Un apunte educativo, para que la entrada no quede tan frívola y vanidosa: es una lástima que las plantillas no se puedan editar, porque este servicio sería muy útil para elaborar portadas para publicaciones, e incluso textos publicitarios muy sugestivos. Para que la gente de Magmypic tome nota de la sugerencia, la pongo en inglés: please, make frontpage templates editable; language teachers will be very grateful to you.

Actualización de WordPress a la versión 2.3.2

Ayer se publicó la versión 2.3.2 de WordPress, una edición que resuelve algunos problemas de seguridad y otros bugs que la comunidad de WordPress ha descubierto desde la aparición de la versión 2.3.1, en el mes de octubre. Como siempre, en cuanto he tenido noticia de la nueva versión, me he puesto a la tarea de actualizar el gestor de contenidos.

Para ello, he seguido el procedimiento de actualización tan ampliamente documentado en el Codex de WordPress, a saber: hacer copia de seguridad de la base de datos y de los archivos del CMS, desactivar los plugins, sustituir los archivos de la versión anterior por los nuevos, actualizar los permalinks y reactivar los plugins uno a uno. En realidad, he seguido un procedimiento “abreviado”, pues en lugar de sustituir todos los archivos de WordPress, sólo he subido al servidor los que han cambiado en el paso de la versión 2.3.1 a la 2.3.2 (la lista puede verse en el WordPress Trac o en el anuncio de la nueva versión).

Tras la actualización, casi todo funciona a pedir de boca, excepto la notificación de comentarios por email, problema del que ya traté después de mi actualización a WordPress 2.3.1. Aunque el truco que entonces descubrí funciona, no deja de ser un incordio tener que andar toquiteando las funciones de WordPress.

El Tigre, otra vez de Safari, con un iPod Touch

Como he sido muy bueno y muy formal a lo largo de este año que está a punto de acabar, le he pedido a mi particular Papá Noel-Olentzero-Niño Jesús (no hago distingos entre ellos, por eso del multiculturalismo tan de moda en estos tiempos), que me hiciera un bonito presente de Nochebuena. El regalo ha colmado todas mis expectativas: nada más y nada menos que un flamante iPod Touch de 16 GB.

La primera impresión es deslumbrante: un aparato pequeño, elegantísimo, ligero pero al mismo tiempo sólido y resistente, que se configura en un periquete (incluida la conexión WiFi, asunto problemático en otros dispositivos) y se maneja de forma radicalmente intuitiva, con una facilidad extraordinaria. Tanto es así, que mi sobrina Leyre, que no llega a los seis años, descubrió por sí misma cómo redimensionar las ventanas del navegador Safari utilizando los dos dedos, y le faltó tiempo para contarme, alborozada, su descubrimiento.

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El Tigre, de Safari

Cómo iba a resistirme a título tan goloso como éste, con su flagrante dilogía y sus resonancias exóticas y peliculeras. No obstante, me apresuro a aclarar, para que no me acusen de insensibilidad hacia los rayados felinos, que no me he ido de cacería a ningún parque jurásico. Mi modesto coto de caza se reduce al ordenador, el blog y la conexión a Internet, que me han servido para hacer un sencillo experimento.

Y era un experimento que llevaba tiempo intentando realizar: comprobar cómo se ve La Bitácora del Tigre y cómo se navega por entre sus vericuetos con un navegador Safari. El problema era, hasta hoy, que yo no tengo a mi alcance uno de esos maravillosos chismes blancos tan apreciados por sus usuarios. Es cierto que siempre podría pasarme por El Corte Inglés y navegar un rato con un elegante MacBook o un potentísimo MacPro (que no suelen estar conectados a Internet, ésa es otra); también podría, abusando de la cara dura y de la paciencia de ilustres maqueros como Luis Barriocanal o Jesús María González-Serna, intentar camelármelos para una tanda de probatinas, pero es evidente que cualquiera de ambas soluciones es muy poco eficaz (y la segunda, además, francamente reprobable).

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OpenOffice como cliente para blogs

En estos últimos días he estado probando un cliente para blogs muy interesante: la extensión Sun Weblog Publisher, que es un programa que se puede instalar sobre las suites OpenOffice (a partir de la versión 2.0.4), StarOffice 8 (Product Update 4 o superior) y StarSuite 8 (Product Update 4 o superior), y que permite escribir en el procesador de textos, con todas las ventajas que ello supone, para luego conectarse a un blog y publicar en él.

El principal inconveniente de la extensión es que vale 6,76 euros, aunque la licencia permite instalarla hasta en cinco ordenadores distintos. Es un precio módico, pero al fin y al cabo un precio, con los inconvenientes que ello supone para ciertos ámbitos de uso (por ejemplo, el educativo). En cualquier caso, yo la compré anteayer, la he instalado en un par de ordenadores, y he hecho algunas pruebas, cuyos resultados resumiré a continuación.

La extensión requiere que en la suite ofimática se haya activado un entorno de ejecución de Java (versión 1.5.0_06 o superior). Para comprobar este detalle, hay que ir a Herramientas > Opciones > OpenOffice.org > Java, activar la casilla “Usar un entorno de ejecución Java” y seleccionar el entorno adecuado (la instalación que yo he realizado utiliza la versión 1.6.0._03). La extensión funciona en los siguientes sistemas operativos: Solaris SPARC 8 OS o superior (se recomienda Solaris 10), Solaris x86 Platform Edition 8 OS o superior (se recomienda Solaris 10), Windows 98, ME, 2000 (con el Service Pack 2 o superior) o XP y Linux.

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La expulsión (momentánea) de clase como recurso didáctico

Acabo de leer en El Tinglado un excelente trabajo de Felipe Zayas, titulado Cómo funciona la oración: el sujeto. Al llegar a la última página, dedicada a los verbos que no admiten sujeto (es decir, las oraciones impersonales) y repasar los ejemplos que aporta Felipe, me he acordado de una pantomima que solía montar en clase cuando explicaba estos asuntos, y que siempre tenía bastante éxito.

La representación ilustra ese tipo de oraciones que se denominan impersonales eventuales y ocasionales; es decir, y utilizando la definición de Felipe, aquéllas en que “el verbo en tercera persona del plural no lleva un sujeto real, ni expreso ni omitido, bien porque se ignora , por no interesar o por no tener importancia”. El ejemplo típico es una oración como “llaman a la puerta”, cuyo verbo en plural en modo alguno significa que la acción corresponda a una pluralidad de sujetos.

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Vida y destino

Portada de la novelaAl pasado sábado terminé de leer las 1113 páginas de Vida y destino, la monumental novela del escritor ruso (en realidad ucraniano) y judío Vasili Grossman. A pesar de que transcurre en un escenario histórico que por diversos motivos me resulta muy querido y que he frecuentado a lo largo de los años (véase, por ejemplo, mi reseña de Stalingrado, de Antony Beevor), me ha costado bastante esfuerzo terminar el libro. Admito que en esta dificultad pueden haber influido mis malos hábitos, pues hace mucho que no leo una de esas novelas “totales”, al estilo de Guerra y paz, tantas veces comparada con la de Grossman. Por otra parte, soy muy consciente de que una obra de estas características no se puede abordar de cualquier manera, pues Vida y destino acoge de mala gana la mezcla con otras lecturas y exige del lector una atención y una disposición de ánimo que tal vez me ha faltado en ciertas ocasiones.

Con todo, creo que la de Grossman es una novela un tanto irregular. Es cierto que ello no disminuye en modo alguno su valor como testimonio, y que tampoco ha de afectar negativamente a la valoración de la novela desde la perspectiva de un historiador de la literatura, pero aunque sea indiscutible que la novela de Vasili Grossman contiene momentos sublimes, de una grandeza asombrosa y una intensidad emocional casi insoportable, también me parece evidente que en la inmensidad del relato (más de doscientos personajes y unos veinte escenarios distintos), hay algunos vacíos difíciles de llenar. Por ejemplo, las conexiones entre los personajes de esa enorme multitud literaria no siempre son tan sólidas como debieran, y la técnica narrativa, de una soltura y libertad admirables por muchos otros conceptos (no sé si la analogía estará un poco cogida por los pelos, pero me ha recordado al estilo de Baroja), puede llegar a causar cierto desconcierto en el lector.

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Remedios arbitristas

A fe mía que he intentado resistirme y morderme la lengua con todas mis fuerzas, pero tras leer hoy un artículo de El País titulado El pesimismo de los expertos, me he decidido a navegar en ese proceloso mar que es el Informe PISA 2006 y la glosa e interpretación de sus resultados. Prescindo de cualquier análisis sobre el particular, pues no dispongo de mejores datos ni tengo opiniones más fundadas que las de los miles de expertos que ya han intervenido en este asunto.

Sólo quiero poner de manifiesto mi malestar (más bien mi indignación) ante una de las soluciones que algunos medios apuntan para paliar la aparentemente catastrófica situación del sistema educativo español: mejorar la selección del profesorado que lo imparte. Escribe Joaquina Prades en el artículo ya citado:

En España cualquier licenciado puede impartir clase, tras superar una oposición basada en la memoria. En Finlandia, en cambio, la Universidad veta a los que no saben enseñar, aunque hayan obtenido el grado de cum laude. Alejandro Tiana recuerda que Educación exigirá a partir de 2009 un máster de un año que ayudará a los licenciados a transmitir mejor sus conocimientos. A medio plazo, estos profesores sustituirán a los actuales, tanto a los que saben enseñar como a quienes, carentes de ese don, convierten su asignatura en un tormento para el alumnado.

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Con la gente de Xatafi, en los madriles

Estatua de Eloy Gonzalo (El héroe de Cascorro) en el Rastro de MadridHe aprovechado el llamado “puente foral” (unos cuantos días de fiesta, que se apoyan en los hitos del 29 de noviembre, día de San Saturnino, patrono de Pamplona, y 3 de diciembre, festividad de San Francisco Javier, patrono de Navarra) para dejarme caer por Madrid y quitarme el pelo de la dehesa, con las actividades culturales de rigor: la imprescindible visita a la ampliación del Museo del Prado, un poco de teatro, el recorrido habitual por las librerías y las tiendas de discos que Pilar y yo solemos frecuentar cuando nos acercamos a la ciudad del oso y del madroño y, sobre todo, mucho callejeo.

La ampliación del museo me pareció muy lograda y la exposición sobre El Siglo XIX en el Prado fascinante. Me emocionó muchísimo encontrarme ante los lienzos de pintores como Madrazo, Casado del Alisal, Pradilla, Gisbert, Moreno Carbonero, Rosales, Fortuny o Sorolla, que tantas veces he visto, a tamaño reducido, en los manuales de Historia de la Literatura Española y de Historia de España. Contemplados al natural, esos enormes cuadros de tema histórico, como Doña Juana la Loca, Rendición de Bailén, Testamento de Isabel la Católica o Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros, tienen una intensidad y una potencia evocadora inesperadas. De hecho, ante la pintura de Antonio Gisbert, sobre la que desciende la luz cenital de la inmensa claraboya diseñada por Rafael Moneo, me quedé sentado largo rato, embobado, con la sensación de estar fuera del tiempo y del espacio.

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