Ayer actualicé el blog a la versión 2.3.1 de WordPress (más información sobre las novedades en WordPress 2.3.1 in detail) de cuya aparición me he enterado por los avisos automáticos que a partir de la versión 2.3 proporciona el backend del gestor de contenidos; por cierto, a quien esté pensando en cambiarse a WordPress 2.3, le conviene saber que también los avisos automáticos de actualización de plugins funcionan estupendamente.
Al ser una actualización de menos fuste que la anterior, he seguido un procedimiento abreviado: en vez de hacer una copia de seguridad completa de la base de datos y de todos los archivos del CMS, me he limitado a realizar un backup de aquélla y tomar nota de los archivos que han cambiado en la última versión. A continuación, he desactivado todos los plugins (con la excepción del Maintenance Mode, que avisa a los visitantes de que el blog se halla en mantenimiento) y he subido al servidor los archivos modificados en la última versión. A continuación, he reactivado los plugins, y he hecho las comprobaciones de costumbre.
Todo funciona perfectamente, como cabía esperar.
A tenor de lo que vi el viernes en Invasión, cabe concluir que sí, que es probable que lo sea. La doctora Bennell, la distinguida psiquiatra a la que presta su longilínea percha la actriz australiana, es acosada, asediada, asaltada, golpeada y expuesta a toda clase de violencias y terrores, incluso le vomita encima su marido, en una secuencia que debería pasar a la historia del cine como una metáfora del machismo recalcitrante que se resiste a dejar paso a una “feminista posmoderna”, por utilizar la definición que de sí misma ofrece la protagonista en una secuencia clave del film. Y a pesar de todo, Nicole Kidman no pierde nunca el look impecable, de altísima e inabordable estatua de sal, que la caracteriza en sus últimas películas.