Ayer me enteré, por el tablero de administración de mi bitácora, que el pasado 27 de octubre se publicó la versión 2.0.5. de WordPress. Aunque las novedades de esta última versión no son demasiado llamativas, es conveniente llevar a cabo la actualización, aunque no sea más que para mantener el blog à la page.
Dicho y hecho. Como siempre, he seguido las instrucciones de actualización del CMS, que básicamente consisten en hacer copia de seguridad de la base de datos y de los ficheros transformados por el usuario, desactivar los plugins, borrar los ficheros viejos, sustituirlos por los nuevos, ejecutar el script de actualización, reactivar los plugins uno a uno y… comprobar lo que ha ocurrido.
Afortunadamente, todo ha salido bien. Debería estar curado de espanto, porque a lo largo de la pequeña historia de La Bitácora del Tigre apenas si he tenido problemas con las actualizaciones, pero lo cierto es que cada vez que realizo un cambio de versión me tiemblan las piernas. Debe de ser que me voy volviendo cobardica con los años.
Por cierto: después de realizar la actualización a partir de la última versión de WordPress, me he enterado por Mark on WordPress que desde este blog se puede descargar una lista de los ficheros que han cambiado entre las versiones 2.0.4 y 2.0.5, así como un fichero de actualización que contiene sólo esos ficheros transformados. No son archivos “oficiales”, pero tal vez merezca la pena probarlos, porque probablemente es más fácil actualizar el blog a partir de estos archivos diferenciales que mediante la actualización completa.
Un servidor ya lleva muchas decepciones a la espalda como para confiar, de buenas a primeras, en las campañas promocionales y en los testimonios de los aficionados incondicionales, sobre todo cuando se trata de películas pertenecientes a ese género tan poco comprendido, y que a mí tanto me gusta, que es la ciencia ficción. Así que cuando me enteré del estreno de Hijos de los hombres, del director mexicano
Creo que en esta ocasión el título de la reseña era casi inevitable, porque La dalia negra, la película de
La de Guillermo del Toro es una película absorbente, cautivadora, que atrapa al espectador desde el primer fotograma. Magníficamente realizada e interpretada, con una puesta en escena impecable y una fotografía al mismo tiempo cálida y tenebrosa, es una muestra logradísima de las obsesiones cinematográficas de Guillermo del Toro y de un estilo de hacer cine, tan personal como reconocible, que no hace sino mejorar en cada entrega de su filmografía.