Cines e intrigas de verano

Cartel de la pelculaUna de las secretas aficiones que he venido cultivando a lo largo de los años es la de aprovechar las vacaciones veraniegas para conocer las salas de cine de otras ciudades. Claro está que con la proliferación de centros comerciales y cadenas de multicines (todas más o menos cortadas por el mismo patrón), ya apenas se encuentran las sorpresas con que mi hermano y yo solíamos toparnos en nuestras vacaciones familiares de verano: salas con butacas decrépitas o inexistentes (sustituidas por bancos, sillas de tijera e incluso asientos que los propios usuarios llevaban consigo), cines al aire libre asaltados por los mosquitos, las tormentas de la estación o, a veces, la barahúnda de alguna fiesta cercana, espacios de fortuna que se montaban apenas con un patio, una pared encalada, un proyector y un par de altavoces de saldo.

Con todo, algo queda de aquellos espectáculos populares y bastante caóticos que a mí tanto me gustaban de nuestros inacabables veranos familiares en Laredo, Salou, Piles o Cambrils. El pasado viernes fui con Pilar a los Multicines Las Salinas, de Chiclana de la Frontera (Cádiz), a la sesión de las 10,35. Nos costó llegar, porque nos perdimos dos veces por las carreteras de conexión, pero al final lo encontramos. Lo primero que me llamó la atención fue la composición y actitud del público: jovencísimo, bullanguero y feliz, desde luego nada parecido a las circunspectas y rígidas audiencias que suelen darse cita en los cines pamploneses que yo frecuento. Por allí se veían parejas de novios (ellos, tatuados, ellas, ombligo al aire, con los inevitables piercings en orejas, labios y ombligos), grupos juveniles y hasta familias enteras, abuela y nietos incluidos. Me sorprendió sobremanera la presencia de niños muy chicos (como dicen los gaditanos), en la sesión nocturna, y la informalidad del público, nada partidario de ocupar el asiento antes del inicio de la película.

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Actualización de WordPress a la versión 2.0.4

LLevaba algún tiempo sin mirar las novedades del tablero de administración de mi WordPress, y lo he vuelto a repasar esta tarde, justo después de comer. Había una noticia, de apenas 15 horas atrás, sobre la aparición de la versión 2.0.4., que corrige unos cuantos bugs y problemas de seguridad.

Como no tenía nada mejor que hacer, me he puesto a la tarea. Por supuesto, he seguido al pie de la letra el procedimiento de actualización, que está documentadísimo en el Codex de WordPress, y consiste en hacer copia de seguridad de la base de datos, del wp-config.php y de los archivos transformados (temas, plugins, imágenes, etc.). A continuación, hay que desactivar los plugins y subir por FTP los nuevos archivos que sustituyen a los ya existentes. Acto seguido, se ejecuta el script de actualización, upgrade.php, se reactivan los plugins, y ya está.

La actualización ha funcionado de maravilla. De momento, no he observado ningún problema con los veinticinco plugins que tengo instalados en CMS, que ya es decir.

Michel Legrand, La chanson des jumelles

Portada del CDCompositor de bandas sonoras para el cine francés, británico y norteamericano, jazzman prestigioso (hasta un tipo tan difícil como Miles Davis lo colmó de elogios en su primer encuentro), autor de canciones para grandes figuras de la música ligera, clásica y de jazz (Yves Montand, Charles Aznavour, Barbra Streisand, Kiri Te Kanawa, Jessye Norman, Sarah Vaughan), e intérprete de sus propias canciones, pianista y director de orquestas clásicas y de jazz, el francés Michel Legrand hace su entrada en la sección de podcasts de La Bitácora del Tigre por la puerta grande, tal y como se merece desde hace mucho tiempo.

Este tema (que no es el que más me gusta de la colección, pero que he incluido por razones que luego explicaré) pertenece a Anthologie, un álbum triple editado en una de esas largas y lujosas cajas de colección que las discográficas vienen publicando en los últimos años, tal vez para hacerse una imposible competencia contra los DVD musicales que ellas mismas editan. El estuche lo compré en julio de 2003, en Brest, durante un viaje de casi tres semanas que hicimos Pilar y yo por la fachada atlántica de Francia, desde Bayona, en el País Vasco francés, hasta Bayeux, en Normandía.

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Tigres de felpa

La sección felina de La Bitácora del Tigre concede hoy la palabra al reino de lo kitsch, representado por la imagen que figura tras el segundo párrafo de esta entrada. Es una foto tomada esta misma mañana, a eso de las 12,30, en un mercadillo levantado junto al Mercado Central de Abastos, en Cádiz.

En el reino heteróclito y confuso del zoco gaditano, las bellezas indudables de la Tacita de Plata –hoy, bajo un sol inclemente, apenas aliviado por el levante– se veían acompañadas de otras más dudosas: ejemplares atrasados de diversas publicaciones sicalípticas, candelabros oxidados, maletines llenos a rebosar de ropa que tal vez nunca estuvo de moda, herramientas melladas, desajustadas y roñosas, muebles por cuatro perras que los expertos en almonedas restaurarán algún día y pondrán por las nubes en las páginas del Vogue o el Cosmopolitan.

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A propósito de la Declaración de Roa

La lectura de la Declaración de Roa y de unos cuantos artículos relacionados con ella, recientemente publicados en la blogosfera educativa (por ejemplo, los de El Tinglado y Aulablog21) me han hecho pensar en las implicaciones que la declaración surgida del Primer Encuentro de Edublogs proyecta sobre las políticas de integración curricular de las TIC que vienen desarrollando las administraciones educativas (en particular, la de la Comunidad Foral de Navarra, que es la que conozco más de cerca).

Y a pesar de que estoy de vacaciones, y de que debería haber concedido a mis neuronas el descanso que furiosamente reclaman, no me resisto a aportar desde aquí algunos elementos de reflexión, que no tienen otro propósito que el de matizar con perspectivas complementarias los principios formulados en dicha declaración, a la que ya hace algunas fechas mostré mi apoyo.

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Declaración de Roa

Declaración de RoaYa sé que es un poco tarde (son los efecto perversos del estar de vacaciones, eso sí, con el portátil a cuestas), pero también La Bitácora del Tigre desea sumarse a la Declaración de Roa, que se ha producido tras el Primer Encuentro de Edublogs.

En el wiki del Encuentro ya constaba mi firma en la declaración (por cierto, en decimotercer lugar; como decía aquél, no hay que ser supersticioso, porque trae mala suerte), a la que añado ahora el texto completo.

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La mejor de las tres

Portada del libroEn la reseña de su segunda novela anuncié mi propósito de dar cuenta de toda la serie policíaca de John Connolly, formada por Todo lo que muere, Perfil asesino, El poder de las tinieblas y El camino blanco. También señalé entonces que tal vez tendría que recurrir a comprar sus dos primeras novelas por Internet, porque no las encontraba en las librerías de Pamplona.

Era un temor infundado, porque el 3 de julio conseguí los dos libros que me faltaban. Saltándome el orden que había fijado en mi particular lectura inversa de la serie, decidí leer en primer lugar Todo lo que muere, no sólo porque, según unos cuantos comentaristas, es una de las mejores, sino sobre todo porque en ella se configuran todos los rasgos constitutivos del mundo hiperviolento y obsesivo de su protagonista, el investigador y ex policía Charlie Parker.

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Una herramienta de WordPress para el trabajo con textos

Los profesores de Lengua Castellana y Literatura (y supongo que algo parecido les ocurre a los de disciplinas como Historia, Filosofía y otras lenguas), sabemos cuán difícil es la selección de textos para el trabajo con nuestros alumnos. A menudo, nos cuesta mucho trabajo localizar textos que respondan a los aspectos que queremos desarrollar en las actividades didácticas. Y más a menudo todavía ocurre que el contacto de los alumnos con los que les proponemos revela dificultades y escollos que nos habían pasado desapercibidos.

Con el paso del tiempo, el docente va construyendo, lenta y minuciosamente, su propia base de datos documental, un repositorio textual ajustado a sus necesidades y preferencias. Ocurre, sin embargo, que los textos pierden su actualidad y pertinencia con rapidez, lo que obliga a nuevas búsquedas: una especie de suplicio de Sísifo, más interesante, sin duda, que el que sufrió el réprobo, pero también agotador.

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Cuánto vale el Tigre

En una entrada del 22 de mayo ya hice referencia a una utilidad que permite calcular el valor de un blog. En realidad, se trata de How Much Is My Blog Worth?, una entrada de Business Opportunities Weblog, sitio web especializado en descubrir y explotar lo que su autor, Dane Carlson, denomina “legítimas oportunidades de negocio”.

Aunque el mundo de la empresa me resulta tan ajeno y tan poco estimulante como el cultivo de champiñones en las cuevas calizas del desierto australiano (por poner un ejemplo), he de admitir que lo del blog de Dane Carlson tiene su gracia, sobre todo porque la comprobación del aparente valor de una bitácora no sirve para otra cosa que para halagar la vanidad.

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Plugins nuevos (a partir de un proyecto de balance del curso)

Hace ya algunos años que no tengo el curso escolar como marco de referencia, salvo por el hecho de que, al cerrar los centros, disminuye sensiblemente el número de incidencias y consultas que debo atender desde mi puesto de trabajo. La fecha del 30 de junio no es, por tanto, ninguna frontera, aunque sí lo es, en cambio, la llegada del calor y de las tormentas veraniegas, pues con ellas, y en aplicación del segundo principio de la termodinámica (el aumento de la entropía, o la tendencia al caos), ocurre lo de siempre: se caen las líneas ADSL, se mueren los cortafuegos, fallecen de asfixia y consunción los switches…

A pesar de los cambios en mi modelo de referencia laboral, las inercias de la profesión docente pesan lo suyo. Llega el fin del mes de junio y uno siente un raro cosquilleo, una voz interior: la inminencia de las vacaciones (más cortas, ay, que las de los compañeros que siguen en la docencia) se presiente como una promesa de algo especial y distinto, de tiempo lento y gozoso para leer, para disfrutar del buen clima y de la buena compañía, para hacer proyectos y reflexionar sobre lo realizado durante ese lapso temporal, tan convencional pero a la vez tan sólido y determinante, que llamamos año académico.

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